lunes, 7 de marzo de 2022

SI DIOS ES AMOR...

 Debo permitirme aquí un relajo, que pretendo narrar con prisa a permuta de talento; es que me han hablado pestes de aquello del amor. Han puesto en manos del tirano, tan placentero sentir.

Dicen que es todo su cuerpo, cada uno de sus movimientos, y lo que dice, lo que piensa

es amor también

 

Si dios es amor…

 

Voy a odiar cada cosa que festeje, su terrible obsesión

y callar sus voces

 

Si dios es amor…

 

Quiero morir y que demonios me recuerden,

y me entreguen al infierno

que la cama de mi madre representa

es que…

Si mi madre en dios creyera,

rebanaría con cuidado

una lonja de su teta y – lagrimeando –

manaría

como la primera vez

para comprender el por qué

de tamaña miseria

 

Si dios… si dios comprendiera

         lo poco que me importa

         lo mucho que me río

         de su bronca

dejaría de amar,

para empezar a temer

 

Si dios es amor…

 

         entonces lo proyecto como al más bello cuerpo;

un culo cabal, flexible, abierto

que capta y caga, y cada tanto saca

una lengua grosera, opulenta

y me agrada, me lleva

 

Si no se permitiera, por tamaño, la sustancia,

pediría un dios soñado, enterrado en la fragancia

         de orgías etílicas

y cantos marchitos

que causen diarreicos

suicidios


Arte: Ensor


 

Rocío de septiembre en la piel

 


 

 

A mis huesos,

te los doy envueltos

en celofán y creo

que si no estás

el día en que me muera

igual viajaré a abrazarme

a tus dulces tetas

pues no podrías temerle

al espectro del reo

que se dormía en tu pelo

después de verte saltando

desde abajo

Ho enfermo, deseo

mi último instante

pasarlo dentro de tu cuerpo

al que he tratado

de modo violento

mas no lamento haber sido un perro

que lamió tus pies

sangró tu piel

tragó tu miel

Atrapando mariposas

escondidas en tu concha,

revelo un sádico reflejo;

ya nunca podré recordarte muda,

porque al cerrar los ojos

escucho la música jadeante

te imploro y te tomo

de tu frágil cuello

¿Acaso no estamos a mano?

Lo digo,

no lo sé;

es que por ti yo muero


ARTE: E. Munch


CANCION

 

Arte: Grozs


 

 

Perro Ahorcado pendiente de un hilo,

un delito proyectado mordisqueando cada instante

Como la sangre que mana de un estómago podrido. Un ojo nervioso, apestado de rabia

 

 Al doblar la esquina dio con una enana medio boba, cuyas nalgas erguidas le latiguearon los nervios,

Principalmente el estómago ¿En verdad se había enamorado?

 

Una huella en silencio, el pesado ayer

¿Qué nos ata al yugo del Pasado?

Si allí ni siquiera dios manda

 

-          ¿Qué mierda te pensás que sos? ¿Cómo vas a tocarle el orto? – grita el novio, que le atina una trompada

Y no llueve ni sangra, sino que empieza a levitar; pero baja y corre

Nadie lo sigue, ya está.

Prende un cigarro y se dice que es inadmisible; que no tiene que mirar ni meter mano

Nunca más. Nunca.

 

No es hoy, no hay un singular perfecto, sólo diferencias vanas

Que no pasan indiferentes

A nuestro ojo celado, nuestros labios filosos

Una mano de piedra dispuesta en cada corazón; sólo espera que la encuentren

mientras escarba pesadillas y da pantallazos del Sueño

Un talismán completo, frío, pesado

que indica nuestro miedo y lo acusa

Así forja nuestro mundo, con lo grueso de la uña

y pone clavos como piezas en un tablero

mientras unos sangran, mientras otros bailan intentando perpetuarse

en el rictus mortis de la historia que se cuelga del reloj

o se aplasta en libros viejos, o se ahoga en internet

 

Bajó del tren en una estación cualquiera, necesitaba respirar “¿Qué querían todas esas miradas sobre mí?”

Sale del andén y camina con prisa, pero sin rumbo. La llovizna, el asfalto y un rotundo tropezón; su mano muerde y el rostro se le petrifica “¡Cerdo!”, grita la mujer sin soltar su bolso

El atacante quiere correr, pero no puede moverse, sólo ve cómo desde el pecho se le escapa el corazón

que da contra el cemento

Y ahora late sus últimos minutos antes de que la lluvia lo ahogue por completo

bajo la mirada de la gente, que celebra su final.

Colapso

 Por la noche Martin M. afila sus palabras. Tiene poco éxito en la vida, en sus planes, nunca ha sido un virtuoso, sin embargo, por la noche le embriaga una fuerza distinta, porque así, privado de los demás, M. se siente seguro, está, como quien dice, en su propio universo, en donde puede vencer a los obstáculos como un caballo de tiro ¿A quién tira? Tal vez a todos los M. que fue antes, de quienes no logra desprenderse a pesar de la insistencia; el problema se presenta al meditar profundamente…

Si cocina un estofado y la salsa tiene un parecido a la que preparaba su abuela, reconoce entonces una parte de su origen y se siente agradecido; ahí llega la cuestión: “Entonces… ¿de quién vienen mis horrores?” Y así, a pesar de la noche, M. entiende que aún hay otros, que no está solo entre los muros de su cuarto.

¿Para qué presentar armas? ¿A quién debe aniquilar?

Un hecho inédito por aquellos días; el teléfono hace estallar al silencio, que se rompe y ya no vuelve de la misma forma. M. sueña con un grito de la luna al otro lado de la línea, la perfecta invitación al delirio, el nunca más de los otros

“¿Por qué?”

 Esta incógnita lo tiene a maltraer, incluso logra exasperar su carácter siempre calmo, suspendido, dilatado en un mar de preguntas. Le molesta que su incertidumbre más grande esté compuesta por sólo dos palabras, “¿O acaso es una sola?” Hacen falta los demás para explicarlo, pero eso es justo lo que M. intenta evitar, incluso sin saber los motivos.

Cuando el Astro asoma, su cuerpo desfallece, y tendido en la cama el mundo externo le parece aún más voraz; repleto de ancianas que le rezan al mercado y conductores vomitando a través de las pantallas. Ahora los “porqué” se multiplican, como si el sol pudiera iluminar todas las preguntas que el silencio esconde. Después del mediodía M. abre los ojos y al fin se decide a andar.

Esa tarde le visita su hermano, un tipo al que M. desconoce, sin embargo, le tiene un cariño especial. Pero no responde como el hermano se lo esperaba, incluso llega a confesarle algunos miedos y, por supuesto, sus incertidumbres más latentes; el hermano, que no es M. y que no entiende, no hace más que preguntar “¿Por qué?” con los ojos bien abiertos, fingiendo gran interés.


Arte: Lucian Freud

Mortis Paranoia

 

Mortis Paranoia

Refugio emocional

 

 

 

 

Me hostiga el reflejo del sol colándose por la ventana, lo odio porque no puede salvarme de la tiniebla en la que me pierdo sin siquiera cerrar los ojos ¿Qué hace ahí, mirándome como un idiota, sin hacer algo contra estos cuervos? ¡Deberías hacerlos arder, estrella corrupta, para que al fin dejen de acecharme! Mis exhortos no ayudan, toda la malicia de la que alguna vez hice alarde parece estar desvaneciéndose in fraganti, convirtiéndose en la burla del horror que me invade. Por si acaso, agito mi cuerpo desnudo. A medida que la fuerza me abandona, el sucio y frío suelo deja de molestarle a mis pies. Pero me muevo, acaso para no sentirme muerto ¿Qué hay para los que dejan de andar? ¿Qué refugio brota sobre nuestras cabezas? Pequeña volición hereje, mi corazón clama por ti. Entonces el horror se vuelve más y más agudo, pero dentro de mi alma lacerada todo es nada, representa un ruido sordo, un órgano desprovisto del tejido elemental…

 

No conozco el punto exacto en el que estoy, me muevo acorde al ritmo de una espiral. Siento el murmullo de una masa de moscas, que atraídas por mi carne han llegado —¿muy temprano? — hasta aquí. Cuando empiezo a acostumbrarme, cuando al fin me arranco los ojos con desdén, una mano extraña me cruza la piel, prueba el fondo de mi cuerpo, se lleva algo que al momento ignoro, pero el dolor es grande y al fin mis piernas ceden. Se trata de un sueño, mejor dicho, el paso previo, un limbo onírico en donde me siento morir —¿Será éste mi momento? — Siempre me interesaron los momentos clave. Al pasar por al lado de un transeúnte, me gustaba recrearme en el momento preciso en que nuestros cuerpos cruzaban la misma bisectriz. Como muestra de la voracidad del tiempo, el otro se borraba mientras yo, perplejo, buscaba un cuerpo nuevo. Ahora están por reunirse la muerte y este andar ¿Qué lugar ocuparé? ¿Seré un anfitrión indeseable molestando a las visitas, un testigo privilegiado…?

Cada tanto siento frío, sobre todo cuando pienso ¿En qué cosas me detengo a pensar?  ¿Será en esas sombras que me rodean como un ejército de hambrientos alfiles? Intento ver sus caras, no me dejan, sólo tengo un nombre que da vueltas en mi cabeza y se niega a ser pronunciado. Quisiera tener el coraje de abrir la boca y largar un grito que me ahorro vaya a saber por qué… ¿Quiénes son esos dos que se acercan a paso firme, que blanden mi angustia, la exhiben ante mis ojos muertos y hablan de lo mucho que sangra?

 

—Parece un corazón—observan con desdén— pero es negro, negro, negro. — y animados por mi horror al saberme mutilado, se largan a reír. Tienen bocas perfectas, no son lo que esperaba ver el día que conociera a mi verdugo.

     ¡Preséntense! —intento ordenarles, pero ahora guardan un silencio de misa. Andan sobre mí como si les pertenecieran el mundo y mi final. Ven cómo me retuerzo, no expresan absolutamente nada, simplemente me persiguen dando largos pasos, como burlándose de mi andar de gusano ¿Fueron sus manos terribles las que me ultrajaron?

 

Parapetado en un rincón, aguardo el desenlace. Lamento que sean un par de criminales remilgados, portadores de un silencio que me asfixia. Necesito una muerte rápida, higiénica para mi mente. Toda esta intriga no hace más que consumirme ¿Cuándo acabará? Es la misma pregunta que hice más de mil veces cuando nada de esto parecía ser una posibilidad. Ahora mis más grandes pesares tienen tintes de comedia. Ellos avanzan entre el zumbido interminable, entre la capa carbón del aire y a pesar del minúsculo sol. En todo esto no soy nada, mas parezco el centro de sus mundos cuando dan un paso, luego otro, uno más.

 

Llega una música de salvataje, aire fresco, violáceo: —Hijo ¿estás ahí? —es la voz de mi madre, inconfundible e inesperada. Con ella el mundo estaba bien, todo parecía más cálido cuando me apretaba contra su pecho. Ahora me llama, en el peor momento, y creo estar a punto de llorar. En el estado en que me encuentro es imposible responder, me desespero, mi boca se rompe cada vez que intento abrirla. Mas su voz, antes alentadora, comienza a repetirse en un tono plano y pronto parece una burla.  “¿Estás ahí?”, me dice, “¿Estás ahí?”, como si la hubieran grabado en una cinta con el fin de confundirme todavía más. Desfallezco.

 

 —Me voy, me comen, no soy… — lo grito, pero el silencio me calla.

 

La yema de un dedo aprieta la punta de mi nariz. El tacto helado me conduce a imaginar que al fin estoy a punto de despertar. La sombra se disipa, vuelvo a ver como antes y con sólo abrir los ojos doy con el rostro hermoso de una mujer celeste. Me sostiene, habla una lengua ridícula, pero no quiere escucharme, prefiere meterme su tibio pezón en la boca. Succiono embelecado, fluyo y espero, escondido entre sus brazos.

 

 

 



 

 

 

Ignoren la imprudencia

 En mi boca sos puta y en mi mente una estrella

necesito tensar mis nervios para que no me fusiles

con tu gran indiferencia, o tus mórbidos amores que se burlarán de mi angustia

cada vez que te sueñe o te nombre

sin poder disimular

Te ríes, como un pájaro negro

picoteas mi llanto y te alejas cada vez más

Mientras la noche se vuelve eterna

y mis locos sueños claman por vos,

la realidad pone ladrillos al ras de nuestras fronteras

que celosas de mi asombro juegan a crecer

Un bravo puñal me dibuja esta herida,

que a pesar de todo no me puede vencer

porque al paso de los días no hago más que dedicarte

unas perras palabras, un maldito adiós

que espero, mujer divina, recuerdes cuando algún día

te encuentre al pasar

 


Para siempre

 Soy lo que crece y se desdibuja,

lo que suplanta las líneas de siempre

lo que prende un cigarro mientras Dios pide monedas

Soy lo que se pudre y aun así florece

 

Esa obsesión de los que quieren algo

que no me pueden robar

El rechazo de quien se ciega al ver

la luz que irradio desde mi sombra

y me espía desde lejos

buscando parecerse un poco

a este bicho que me viste

 

No soy nada, soy misterio

meando desde la montaña

un río para mis hormigas

que hablan mientras miran

mi pluma altanera, mi ego encendido

y se queman, se queman, se borran