Línea de la impaciencia y el vómito literario.
Hace ya más de seis años que estoy maquinando la historia de Laureano y Margarita; un sacerdote perverso y una vieja que esconde un terrible secreto… dicho así, comprendo, parece una novela televisiva, una película clase z, y tal vez no esté muy alejado en este momento, no por la historia, sino por mi capacidad de contar los hechos de un modo exquisito.
El asunto es que estos personajes, junto a
otros que a veces los tocan y a veces aparecen en otros lugares, se presentan
cada vez que escribo, como si fueran los eternos protagonistas de mi obra.
Intento incluir sus historias cada vez que algo nuevo se aparece en mi cuaderno,
pero después advierto que no es el momento, que Laureano, Magui y Miguelito tienen
que ser los principales, y que Sara Blunt y Charles Blanck también merecen una
historia distinta.
Me despido, bien dicho, he terminado de hacer
mi catarsis.