viernes, 8 de abril de 2022

Estallido

A la intemperie mi nervio más sensible

bajo el influjo del aire que oxida y grita

se apoya en mi ojo, en uno de ellos

si lo estrangulan voces ineluctables

 

Le aguardan mi pecho, mis órganos todos

farra sanguínea celebran al verlo

Ya hablarán de mi loco andar,

aquellos que fingen y aburren a las piedras

mientras cortan flores que ven, pero no entienden

 

Un perro se inclina ante mí

         él también probó la sangre

Nervio cortado, cobre mojado

         me incitan a volar

         a quemar fragmentos del mañana

Y cuando piensan que no soy;

         es porque siempre estoy

         infame, incoherente, vestigio que vuelve



martes, 15 de marzo de 2022

Texto 46

 

Es fundamental salirse del guion,

saber que la mayoría teme más a la luz que a la oscuridad

y asustar siempre

Cuando un pájaro negro toque tus manos,

será el momento de trinar

cuanto quieras, como quieras

como nadie más lo haría

Conserva la potencia de tu llanto,

no regales a cualquiera tu mejor risa,

ten a mano tus venenos, tu magia, tu pasado

sin relegar el mañana a los tormentos de hoy

Hay un equilibrio muy frágil, elaborado por artistas siderales,

que dice que nunca es tarde, pero siempre debe dejarse pasar

Y cuando tengas el toque serás capaz

de romper cualquier espejismo

para vivir la locura de tu sueño.



Arte: Ernst Kirchner

jueves, 10 de marzo de 2022

Reptil cobrizo inferno

 


 


 

Reptan sobre las vísceras, comen restos y no recuerdo bien si cagan. Amarillentos, cubiertos de moco ¿De dónde llegan? Esta carne ha dejado de pertenecerme.

Crean que no me siento tan mal. Cerré los ojos para siempre, ya no me revuelco entre los vivos. Sin querer me convertiré en otra larva, sospecho que falta muy poco. Hay personas que me lloran y pretenden ser salvadas. Abren los ojos, miran al cielo y murmuran mi nombre. Con pena, con temor… ¡Dicen mi nombre, carajo! Nunca los he oído, simplemente lo sé. Nada más. Me molestaría si alguna voz cruzara el cielo y al fin llegara a mis oídos. Pero muerto, sé que sigo bajo tierra. Un pozo. La basura intenta desvanecer dentro del pozo. Un escondite, un mal pasar por pasar. Aquí sólo llegan un par de piedras. Pero no me voy, aunque mi cuerpo se vaya, no me voy.

Presioné el tornillo sobre los labios amarillentos de mamá. Piel seca, piel muerta. Como cayos y arena. Como sed en el desierto. Mi madre, mujer santa. Cuando brotó por fin la sangre, me sentí enfermo, muy enfermo. Transpiré, casi termino desparramado en el suelo. Miedo. Tenía los párpados negros. Mi puño. Un vestido blanco, las manos a los costados. Perfección.

Volvieron mis labios a succionar. Pecho blanco, marchito. La extraño. De pronto ya no veo más

¿Qué mirada tendré al morir? esta pregunta, que hasta entonces me acusaba, comenzó a cantar la melodía. Llevado por sus notas, caminé… recuerdo haber transitado la noche y el humo. El pedo blanco. Llegó la luz del día, reconocida por el solcito que abrazó mi piel. Lo sabía, ya antes pasé por él.

Los funerales ¿qué dirán todos ellos? Recuerdo las pericias, todo el asunto de la investigación, pero no lo percibí.

¿De dónde llegan esos gusanos que me quieren tragar?

Texto 98

 

Soy lo que crece y se desdibuja,

lo que suplanta las líneas de siempre

lo que prende un cigarro mientras Dios pide monedas

Soy lo que se pudre y aun así florece

 

Esa obsesión de los que quieren algo

que no me pueden robar

El rechazo de quien se ciega al ver

la luz que irradio desde mi sombra

y me espía desde lejos

buscando parecerse un poco

a este bicho que me viste

 

No soy nada, soy misterio

meando desde la montaña

un río para mis hormigas

que hablan mientras miran

mi pluma altanera, mi ego encendido

y se queman, se queman, se borran





lunes, 7 de marzo de 2022

Un paso al costado

 


Necesito de esas almas vagabundas, las que toman un trago y hablan más de lo que saben. Me gusta cómo formulan ideas que le calzan a un niño para entonces fracasar dignamente entre los grandes.

Abandonan sus cuerpos y caen al piso, en donde nos entregamos a una cosa o la otra. Por el momento, da igual. Me sirve que estén ahí, acá, más cerca.

Fácilmente podría ahorcarlas ¿No es eso lo que todos quieren? Como cualquier droga, me han empachado… ¡Belleza! Carne, cuero y hueso se esconden con rubor y perfumito. Estiro mi garra, la más desprolija, y siento que explota dos veces una mandarina, mil veces la carne. También muero, caigo, el frenesí me quiebra, no sé moverme si no están.

La última vez fueron dos hermanas. Pendejas, tontas por demás. Las llamé con un gesto, soy tan lindo como cruel. La mayor ofrecía un ojito bien negro, de brillo inagotable. El otro, también hermoso, estaba de más.

 

- ¿Puedo cortarlo?

 

Navaja dispuesta, sangre inquieta. La chica no quería perder el ojo ni morir. Íbamos a hacer lo mismo de siempre. Primero con ella, la hermana después.

No digo nada y la ahorco. Acabo adentro y abre los ojos. Ha despertado. Pienso en el rostro que tendrá mi hijo.

 







- ¿Te gustó?, pregunta tímida mientras se pone la blusa.

 

Ofendidas por mi silencio, deciden marcharse.

 

Por la noche me ahoga la culpa. Siento estar por perder la magia; mi cuerpo ya no estira lo suficiente. Bajo el sol no valgo ni mierda ¿A quién le tengo que pagar por todos mis agravios? Soy impune y, para colmo, agonizo. Claro que antes debería permitir que un amor me cruce entero y me destroce. Pretendo amor, no cariño, nada de obediencia ni manos amigables que me intenten curar. Las advertencias que pretenden controlarme acabarán por fin. Me tomaré el tiempo de mutilar el cuerpo de cada una de ellas… y con su sangre mojaré mis zapatos. Pues sólo el niño y la mujer andan descalzos. El hombre se viste y desviste.

Conejo Negro

 


He parido un conejo negro, con negros ojos y dueño del culo más sucio que jamás haya visto. Parece no dormir, pero reposa a pesar de que todo el cuerpo pulsa como un motor al que gobiernan pulgas y nervios por igual. De este animal me asombro cada día, pues el sol y su luz divina no doblegan su sombra. Nada lo hace reír, a excepción de mis derrotas mundanas, tan absurdas como yo. Y es cuando me rindo, que hablamos sobre sus meditaciones (dedica tardes enteras a la observación) De él aprendo, me ha enseñado todo lo que sé. Por designio de Brahma, es tan inmundo como un cerdo; tal vez un tirano se haya hecho carne en él, pues su corta vida no podría encerrar tanta grandilocuencia. Mas no se arrepiente; este orejudo es un perverso que ama la destrucción.

¿Has llorado hoy? —me dice— ¿Has llorado mucho?

Y mientras veo la sangre de mis manos, él se ríe. Entonces tengo ganas de matarlo; me imagino celebrando sus vísceras y callando por fin su arrogante murmullo. “El maestro debe morir”, me repito en estos raptos. De pronto comprendo lo imposible de mis deseos, pues él es todo lo que temo, lo que amo y quien soy. No me queda más que dejarlo ser y alimentarlo tanto como le sea necesario. De mi viene, hacia él voy y no pretendo ser un monstruo, sino dejarle florecer, dejarlo matar la flor y que vuelva cada vez que quiera.

—¿Has pensado hoy en matarme?— se burla.

Aprieto los labios tanto como los puños —llego a sangrar—. Me reservo para que pueda reír. Entonces repite —¿Has pensado en matarme hoy?— Y lanza una carcajada que me atraviesa, me contagia… lo celebro.

 


SI DIOS ES AMOR...

 Debo permitirme aquí un relajo, que pretendo narrar con prisa a permuta de talento; es que me han hablado pestes de aquello del amor. Han puesto en manos del tirano, tan placentero sentir.

Dicen que es todo su cuerpo, cada uno de sus movimientos, y lo que dice, lo que piensa

es amor también

 

Si dios es amor…

 

Voy a odiar cada cosa que festeje, su terrible obsesión

y callar sus voces

 

Si dios es amor…

 

Quiero morir y que demonios me recuerden,

y me entreguen al infierno

que la cama de mi madre representa

es que…

Si mi madre en dios creyera,

rebanaría con cuidado

una lonja de su teta y – lagrimeando –

manaría

como la primera vez

para comprender el por qué

de tamaña miseria

 

Si dios… si dios comprendiera

         lo poco que me importa

         lo mucho que me río

         de su bronca

dejaría de amar,

para empezar a temer

 

Si dios es amor…

 

         entonces lo proyecto como al más bello cuerpo;

un culo cabal, flexible, abierto

que capta y caga, y cada tanto saca

una lengua grosera, opulenta

y me agrada, me lleva

 

Si no se permitiera, por tamaño, la sustancia,

pediría un dios soñado, enterrado en la fragancia

         de orgías etílicas

y cantos marchitos

que causen diarreicos

suicidios


Arte: Ensor